Alejandra hace unos meses cortó una relación de muchísimos años. Inesperado, todos nos imaginábamos en su casamiento, o formando una familia, o conviviendo con su pareja, esas cosas que uno se imagina cuando una pareja parece hacerle frente a todo. A veces pasa, uno no se da cuenta y de golpe la rutina nos aplasta, nos cansamos del otro, nos cuesta recordar qué hizo que nos enamoráramos en un primer momento. La vida. Como reciente soltera anda muy ciclotímica, a veces quiere todo ya, otras no tiene energías de nada. A veces quiere hacer vida de soltera y otras de novia. Entre tumbos llega una primera cita de soltera/soltero:
"No sé qué ponerme, qué decir, cómo saludarlo... ya no tengo ni idea de por qué le dije que sí si estoy más incómoda que la mierda. Va a pensar cualquier cosa... hace tan poco que me separé, seguro cree que acepté porque me siento sola... ¿qué hago? No puedo cancelar ahora, sería horrible. Encima es tan lindo..."
Julieta hace años que se asume como soltera y sin apuro. No reniega del amor, pero no le tocó, no lo llamó, no lo buscó, o acumuló varios malos tragos que prefiere evitar. Pero así como quién no quiere la cosa, está hace varios meses "saliendo" con un alguien:
"¿No es demasiado verse más de dos veces por semana? A mí me parece que aunque tengamos ganas de vernos no está tan bueno. De ahí pasás a verte todos los días y de ahí ¿qué?. Innecesario. Seguro que me aburro. Aparte, no quiero generar incomodidad... Mejor así, un poco distantes y un poco cerca... estamos bien y nos divertimos. Igual hablamos todos los días, siempre me pregunta cómo estoy. Eso es bueno... creo."
Qué difícil animarse a lo nuevo y ponerle todas las ganas a disfrutar. Maldita costumbre.
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martes, 29 de marzo de 2011
lunes, 25 de octubre de 2010
Florencia
Aún había luz del sol mientras caminaba por Almagro. Durante la clásica hora de vuelta al hogar, los malos humores suelen tener su clímax. Habíamos quedado en el bar de las tizas con una amiga que califica como chinchuda profesional. Ella estaba por caer y yo mientras tanto retomaba la lectura de un libro que me tenía enganchada... ok, mejor digamos interesada, porque cuando entró Florencia al bar con sus amigos, se me hizo imposible seguir leyendo sin que el sonido de su voz se entremezclara con las líneas del texto.
- ¿Sabés qué es lo que pasa? El mundo está lleno de egoístas que no hacen otra cosa que mirar su ombligo. Un minuto nada más, con un minuto que salgan de su ombligo lleno de pelusas se van a dar cuenta que no son quién para obligar a nadie a hacer nada.
Cada palabra que decía era potente, la remarcaba, intentaba causar efecto en la audiencia, y mi libro ya no tenía espacio para ser, tenía que escuchar con más atención.
- Que el arte tiene que ser divertido, que el arte tiene que ser comprometido, que el arte tiene que ser innovador, que el arte las pelotas de magolla... ¡Déjenme de joder con las imposiciones sobre el arte! Harta me tienen queriendo definir algo y enmarcar algo que demostró hace siglos que no puede ser enmarcado en nada. El arte tiene que salir de cualquier lugar, pero tiene que salir. Puede tener o no sentido, pero tiene que existir. Si alguien quiere hacer arte pelotudo, bueno que lo haga, vos no se lo podés prohibir, como tampoco ese alguien te puede prohibir que vos hagas arte social o político... ¿Acaso no sería una mierda que todos transmitamos el mismo mensaje artístico?
Entonces llegó el mozo a la mesa y Florencia y sus amigos pidieron algo para tomar. Mi amiga me saludaba desde la vereda antes de entrar. Entre café y café, algunas palabras de Florencia seguían llegando a mis oídos, y a veces parecía estarse convirtiendo en eso que tanto la había hecho enojar. Es que una minitah chinchuda no siempre maneja bien las emociones. Pero después de todo, de eso se trata, de sentir.
- ¿Sabés qué es lo que pasa? El mundo está lleno de egoístas que no hacen otra cosa que mirar su ombligo. Un minuto nada más, con un minuto que salgan de su ombligo lleno de pelusas se van a dar cuenta que no son quién para obligar a nadie a hacer nada.
Cada palabra que decía era potente, la remarcaba, intentaba causar efecto en la audiencia, y mi libro ya no tenía espacio para ser, tenía que escuchar con más atención.
- Que el arte tiene que ser divertido, que el arte tiene que ser comprometido, que el arte tiene que ser innovador, que el arte las pelotas de magolla... ¡Déjenme de joder con las imposiciones sobre el arte! Harta me tienen queriendo definir algo y enmarcar algo que demostró hace siglos que no puede ser enmarcado en nada. El arte tiene que salir de cualquier lugar, pero tiene que salir. Puede tener o no sentido, pero tiene que existir. Si alguien quiere hacer arte pelotudo, bueno que lo haga, vos no se lo podés prohibir, como tampoco ese alguien te puede prohibir que vos hagas arte social o político... ¿Acaso no sería una mierda que todos transmitamos el mismo mensaje artístico?
Entonces llegó el mozo a la mesa y Florencia y sus amigos pidieron algo para tomar. Mi amiga me saludaba desde la vereda antes de entrar. Entre café y café, algunas palabras de Florencia seguían llegando a mis oídos, y a veces parecía estarse convirtiendo en eso que tanto la había hecho enojar. Es que una minitah chinchuda no siempre maneja bien las emociones. Pero después de todo, de eso se trata, de sentir.
domingo, 23 de agosto de 2009
Silvina
Hacía tanto que no iban al cine. Y les habían recomendado una película argentina que se había estrenado hace relativamente poco. Por eso se puso contenta, Silvina disfrutaba de ese momento de silencio y oscuridad en el cual el público se encuentra a la espera de lo que sucederá en la pantalla.
Se vistió bien, siempre le gustó arreglarse para salir, y estaba bien arreglarse para una salida de sábado por la noche.
Llegaron sobre la hora, pero pudieron sacar tranquilos las entradas y elegir una buena ubicación. La sala estaba llena de gente, se escuchaba ese bullicio producido por muchos murmullos (esa cosa que tiene la gente que entra a la sala de cine y habla bajito aún antes de la tanda publicitaria). Se escuchaban también algunos celulares que estaban siendo apagados. Pero había un ruidito en particular que a Silvina le estaba molestando.
Justo atrás de ella - "en la nuca" - un hombre se dedicaba a comer algo que estaba dentro de una bolsa de papel celofán.
Claro, mientras la sala todavía murmuraba, el ruidito no era tan perceptible, pero cuando se apagaron todas las luces y el silencio era el dueño del lugar, Silvina notó que el hombre no pensaba detenerse. Un poco molesta se dio vuelta y lo miró fijo. El hombre recibió la indirecta, pero apenas ella giró, el ruidito volvió a empezar.
Silvina no tardaba en levantar temperatura y ya para cuando el ruido era lo único que escuchaba, volvió a mirarlo y esta vez la indirecta... fue bien directa:
- ¡¿ Te vas a dejar de joder?!
Carlos le tocó la pierna a Silvina como para calmarla, no quería que haga un escándalo en medio de la sala. Por toda la sala se escucharon "ssshhhhh", y el hombre (también por orden de su mujer) guardó su bolsita y dejó de hacer ruidito.
Una chinchuda con pocas pulgas Silvina.
sábado, 22 de agosto de 2009
Autobiográfico
Entonces ahí estaba, me miraba detrás de sus anteojos, sabiendo que tenía el poder. Agarraba mis papeles casi con asco, dando a entender que no servían de mucho. Yo estaba ahí, con ganas de evitar toda esta falsificación de interés por los alumnos.
Supongo que era lo mejor que podía decir, pero si tan sólo lo hubiera dicho de otra forma, el clima en la oficina sería muy distinto en este momento. Al menos un poco más fresco.
- Llamame la semana que viene, veo que puedo hacer...
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